Cine como espacio de libertad: el cineclub del Liceo de Adultos Herbert Vargas Wallis en Santiago Sur 

Al interior del Centro de Detención Preventiva Santiago Sur —ex Penitenciaría de Santiago— funciona el Liceo de Adultos Herbert Vargas Wallis, un espacio educativo donde el cine se ha transformado en una herramienta pedagógica, cultural y profundamente humana. Allí, Karla Opazo y Carlos Carrasco, docentes del espacio, impulsan un cineclub escolar que busca ampliar los horizontes culturales de hombres privados de libertad, promover el pensamiento crítico y abrir espacios de sensibilidad y diálogo. 

El contexto no es sencillo. Se trata de aulas marcadas por trayectorias educativas interrumpidas, experiencias de violencia y una fuerte heterogeneidad etaria y formativa. Por eso, para ambos docentes, el cine cobra en este espacio un sentido aún más profundo. “El cine es muy importante en el quehacer del docente, ya sea en el contexto que uno esté, pero en el lugar que trabajamos cobra más sentido la experiencia audiovisual”, señala Carlos. “Estos jóvenes y adultos necesitan un mayor acervo cultural, una ampliación del horizonte cultural, y el cine tiene esa magia de incluir nuevas visiones y perspectivas”. 

Instalar un cineclub en contexto de encierro 

La motivación por crear el cineclub nace tanto desde el interés personal por el cine como desde una convicción pedagógica. “A mí me encanta el cine, es una de las artes que más consumo”, comenta Karla. “Como profesora, creo que es súper importante por el contexto: los chicos no tienen acceso al cine, están privados de libertad. El cine permite ampliar referentes culturales y analizar críticamente cómo se representan las identidades socioculturales”. 

Antes de comenzar, realizaron una encuesta diagnóstica. El resultado fue claro: ninguno de los estudiantes había participado en un cineclub y el 95% manifestaba interés por películas de acción o terror. Las referencias al cine chileno eran escasas. “Ahí vimos que era súper necesario mostrar otro tipo de cine”, explica la profesora. 

En el liceo, el arte es concebido como una puerta de entrada al aprendizaje. “Para nosotros el arte es la columna vertebral y desde ahí se conectan todas las disciplinas. Despierta el interés y la curiosidad por aprender”, afirma Karla. Carlos complementa: “El arte los acerca a sensibilidades que tienen perdidas. Llegan con mucha violencia, y cuando se empiezan a acercar al arte comienzan a experimentar sensaciones que estaban ocultas”. 

Apreciar, analizar y verse reflejados 

El cineclub funciona como un taller semanal, con un grupo acotado de estudiantes de entre 26 y 50 años. El trabajo ha comenzado desde la base: conocer el lenguaje cinematográfico. Han explorado dispositivos previos al cine, cortometrajes de los hermanos Lumière, el cine de Méliès y las películas silentes de Chaplin. “La idea era que adquirieran un lenguaje básico que les permitiera hacer un análisis más crítico y técnico”, explica Karla. 

Luego avanzaron hacia el visionado y análisis de largometrajes, utilizando fichas educativas del Programa Escuela al Cine, siempre adaptadas al contexto. Una de las experiencias más significativas fue la proyección de Valparaíso, mi amor, de Aldo Francia. “Mientras veían la película aparecían comentarios como ‘mi hermana también se enfermó de bronconeumonía, eso era muy común’. Se ven reflejados en lo que muestran las películas”, relatan. 

El cineclub no se limita al visionado. El foco está puesto en el análisis crítico de las realidades socioculturales representadas. “Nos interesa que se repiensen a sí mismos, resignifiquen sus trayectorias de vida, que muchas veces han estado marcadas por la violencia”, señala Karla. 

Cine, identidad y espacios de libertad 

Para los estudiantes, el cineclub se ha transformado en un espacio altamente valorado. “Ellos dicen que el cine los acerca a la calle, los saca del contexto de encierro. Son espacios de libertad”, destaca Carlos. La experiencia audiovisual contrasta con la dureza del entorno cotidiano y activa recuerdos, emociones y deseos. 

El trabajo colaborativo es otro de los ejes centrales. En un espacio donde existen jerarquías propias de la subcultura carcelaria, el cineclub propone un lugar distinto. “Promovemos el respeto por las distintas opiniones y el trabajo colaborativo. Eso es clave acá”, explica Karla. “Cuando se trata de escribir un guion o pensar una creación, esas jerarquías se flexibilizan”. 

“Queremos que se piensen como creadores, como guionistas, como realizadores”, afirma Karla. “No verlos como ‘el interno’ o ‘el delincuente’, sino como estudiantes. Esto fortalece la autoestima académica, la confianza y amplía cómo se piensan a sí mismos”, reflexiona. 

Otras noticias que podrían ser de tu interés

El Programa Escuela al Cine fue parte del 6° Seminario Las Infancias Quieren Cine, instancia formativa …

La Cineteca Nacional de Chile anuncia la apertura de la convocatoria 2026 de su curso online …

La Cineteca Nacional de Chile abrió las postulaciones para su Cineclub de Verano, una experiencia dirigida a …

En Santiago Centro, el Colegio Bicentenario Victoria Prieto lleva adelante un cineclub escolar impulsado por la …