Formar nuevos públicos y creadores desde temprana edad es el compromiso asumido por la profesora Carolina Llamunao del Liceo Tobalaba de Peñalolén. Tras terminar el curso «Cine para educadores: apreciación y creación», la docente ingresó formalmente a la Red de Cineclubes Escolares, llevando la metodología de apreciación y creación cinematográfica a sus estudiantes de segundo básico en el marco de la asignatura Comunicación Audiovisual.
El Liceo Tobalaba, un establecimiento municipal con un fuerte sello artístico, integró recientemente la comunicación audiovisual en su malla curricular. La profesora relata que, si bien la asignatura partió de manera «súper artesanal,» su interés en formalizar la metodología la llevó a inscribirse en el curso de la Cineteca Nacional.
«Uno busca en YouTube cosas que tengan que ver con el cine chileno, o cortometrajes que son conocidos a nivel internacional, pero me inscribí para tener más herramientas, porque a pesar de que a uno le gusta y uno trata de buscar, si uno no las tiene igual cuesta,» explica la docente.
Desde agosto, la docente aplica las sesiones de cineclub con sus dos segundos básicos. El trabajo previo en el aula, con formatos de crítica de cine simplificados (como una impresión de «palomita de maíz» para calificar y dibujar el contenido), facilitó la transición hacia la apreciación más profunda.
«Los niños están ya estaban habituados a la crítica de cine… Después, cuando yo empecé en el curso, empezamos a ver los planos y ahí fui incorporando otros elementos», comenta.
La metodología ha permitido introducir a las y los estudiantes en diversos aspectos del cine, desde la apreciación de cortometrajes chilenos como Pandemiau y Mari Mari, hasta ejercicios de cine mudo y de creación de cortometrajes propios.
«Cuando empezamos a ver el cine mudo, yo empecé a poner también unos cortos de Chaplin para que engancharan. Luego hicimos unas réplicas de Chaplin que está con un león,» relata la profesora, destacando la alegría de sus alumnos al descubrir el cine clásico.
El cine como reflejo de la realidad
Un elemento clave en la experiencia de Carolina Llamunao fue su encuentro con el documental chileno Cien niños esperando un tren (1988), que narra la experiencia de Alicia Vega en un taller de cine en la población Lo Hermida. La conexión con la realidad de su propia escuela fue inmediata. «Encontré tan bonito el documental, lo asocié tanto a los niños de mi escuela, porque es la misma población,» dice Carolina.
La profesora destaca que el fuerte lazo de su liceo con la comunidad, y el ambiente de «puertas abiertas,» es muy similar a lo que se retrata en la obra. «El documental también tiene un sentido súper político, cuando la profesora decía que eligieran un tema y los niños decían las protestas, me sentí muy identificada, se me hacía todo tan familiar,» afirma.
Si bien el documental no fue proyectado a sus estudiantes, la inspiración ha nutrido los ejercicios prácticos del cineclub. Utilizando materiales sencillos y la creatividad, han explorado técnicas como el taumatropo e improvisado cuentos y diálogos grabados con celulares y aros de luz.
Un espacio para crear nuevas miradas
Más allá de los objetivos curriculares, la implementación del cineclub ha evidenciado beneficios significativos para el bienestar de los estudiantes, muchos de ellos habituados a un consumo rápido de contenido digital.
La asignatura no solo ha abierto la puerta al cine chileno, sino que también ha potenciado la expresión y la personalidad de los niños, incluso de aquellos con necesidades educativas especiales. «Los niños de verdad pasan períodos de estrés y cuando tienen estas asignaturas que son distintas se liberan, y es otra forma de aprender también”, concluye Carolina.





